La alarma de la ANSIEDAD

16.07.2026

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción natural y necesaria para la supervivencia. Todas las personas la experimentamos en algún momento de la vida. Sentir ansiedad antes de un examen, una entrevista laboral, una cirugía o una situación importante es completamente normal. De hecho, gracias a ella nuestro organismo se prepara para afrontar desafíos, aumentando la atención, la concentración y la capacidad de reaccionar ante posibles amenazas (Barlow, 2002).

Sin embargo, la ansiedad deja de ser adaptativa cuando aparece con demasiada frecuencia, intensidad o duración, o cuando surge en situaciones que objetivamente no representan un peligro real. En estos casos puede comenzar a interferir en el trabajo, los estudios, las relaciones personales y la calidad de vida.

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), uno de los tratamientos psicológicos con mayor respaldo científico para los trastornos de ansiedad, se entiende que la ansiedad no está provocada únicamente por las situaciones que vivimos, sino principalmente por la interpretación que hacemos de ellas (Beck, Emery y Greenberg, 1985).

¿Por qué sentimos ansiedad?

Nuestro cerebro está diseñado para detectar peligros. Durante miles de años esta capacidad permitió a los seres humanos sobrevivir frente a depredadores, desastres naturales y otras amenazas reales. El problema es que este mismo sistema puede activarse ante peligros que solo imaginamos o anticipamos.

Por ejemplo, dos personas pueden recibir la misma noticia: deberán hablar frente a un grupo de personas. Una puede pensar:

"Será una buena oportunidad para mostrar lo que sé."

Mientras que otra podría interpretar:

"Voy a equivocarme, todos me van a juzgar y haré el ridículo."

Aunque la situación es exactamente la misma, la respuesta emocional será muy diferente. Esto ocurre porque no reaccionamos directamente a los hechos, sino al significado que les damos (Beck, 1976).

La ansiedad funciona como una falsa alarma

Una forma sencilla de entender la ansiedad es imaginar un detector de humo.

Cuando hay un incendio, el detector cumple perfectamente su función: nos alerta para que podamos protegernos.

Pero si ese detector comienza a sonar cada vez que alguien cocina una tostada, deja de ser útil y empieza a generar problemas.

Algo similar sucede con la ansiedad. El cerebro interpreta ciertas situaciones como peligrosas aunque en realidad no lo sean. Como consecuencia, activa el sistema de alarma del organismo.

Es decir, el problema no es que exista la alarma, sino que se activa cuando no debería hacerlo.

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando sentimos ansiedad?

Cuando el cerebro interpreta que existe una amenaza, activa el sistema nervioso simpático y libera sustancias como la adrenalina y el cortisol. Estos cambios preparan al organismo para luchar o escapar del peligro (Cannon, 1932).

Por eso pueden aparecer síntomas físicos como:

  • Aceleración del corazón.

  • Respiración rápida.

  • Sensación de falta de aire.

  • Sudoración.

  • Tensión muscular.

  • Mareos.

  • Molestias digestivas.

  • Temblor.

  • Sensación de irrealidad.

Aunque estas sensaciones pueden resultar muy intensas y desagradables, en personas sin enfermedades médicas que las expliquen suelen corresponder a la activación normal del sistema de respuesta al estrés y, por sí mismas, generalmente no implican un peligro inmediato. Sin embargo, esto no significa que la ansiedad sea inofensiva en todos los casos. En personas con determinadas condiciones de salud —como enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial no controlada u otros problemas médicos— una activación fisiológica intensa puede aumentar la carga sobre el organismo. Además, cuando la ansiedad se mantiene de forma crónica, la activación persistente del sistema de estrés puede contribuir, junto con otros factores biológicos y conductuales, al desarrollo o agravamiento de diversos problemas de salud física. Por ello, es importante comprender que la ansiedad no debe minimizarse: aunque muchas de sus manifestaciones son una respuesta normal del organismo, cuando son frecuentes, intensas o interfieren con la vida cotidiana, es recomendable buscar una evaluación médica y psicológica para descartar otras causas y recibir el tratamiento adecuado.

El círculo de la ansiedad

La TCC explica que la ansiedad suele mantenerse mediante un círculo que se retroalimenta.

Todo comienza con una situación o un estímulo que es interpretado como peligroso. Esa interpretación genera ansiedad, la ansiedad produce síntomas físicos y esos síntomas suelen ser interpretados nuevamente como señales de que algo malo está ocurriendo.

Por ejemplo:

Una persona al sentir ansiedad intensa comienza a notar que su corazón late más rápido y que le falta el aire.

Entonces piensa:

"Me va a dar un infarto" o "me estoy por morir porque no me alcanza el aire"

Ese pensamiento aumenta aún más la ansiedad, lo que hace que el corazón lata todavía más fuerte y el aire no alcance. La persona interpreta ese aumento como una confirmación de que realmente está en peligro, entrando en un círculo cada vez más intenso. Clark (1986) describió este mecanismo como una de las principales explicaciones de las crisis de pánico.

El papel de los pensamientos

Los pensamientos tienen un rol fundamental en la ansiedad. Muchas personas creen que la ansiedad aparece "de la nada". Sin embargo, generalmente existen pensamientos automáticos que pasan desapercibidos por la rapidez con la que ocurren.

Algunos ejemplos son:

  • "No voy a poder."

  • "Algo malo va a pasar."

  • "Seguro me equivoco."

  • "No voy a soportarlo."

  • "Voy a perder el control."

  • "Todos me están observando."

Estos pensamientos suelen ser automáticos, maximizados y poco realistas. Aaron Beck (1976) los denominó pensamientos automáticos negativos, y constituyen uno de los principales objetivos del tratamiento cognitivo.

¿Por qué evitamos las situaciones que nos generan ansiedad?

Cuando una situación produce mucho malestar, la reacción más frecuente es evitarla.

Por ejemplo:

  • Dejar de viajar.

  • No hablar en reuniones.

  • Evitar rendir exámenes.

  • No asistir a eventos sociales.

  • Pedir constantemente que otros hagan determinadas actividades.

A corto plazo, la evitación produce alivio. Sin embargo, ese alivio tiene una consecuencia importante: el cerebro aprende que escapar fue lo que evitó el peligro. Como nunca tiene la oportunidad de comprobar que en realidad podía afrontar la situación, el miedo se mantiene e incluso aumenta con el tiempo (Barlow, 2002). Por este motivo, la evitación es uno de los factores que más contribuyen al mantenimiento de la ansiedad.

¿Cómo ayuda la Terapia Cognitivo-Conductual?

La TCC busca modificar los factores que mantienen la ansiedad. Para ello trabaja principalmente sobre cuatro aspectos:

1. Identificar los pensamientos automáticos.

Aprender a reconocer las interpretaciones que aumentan el miedo.

2. Cuestionar esas interpretaciones.

Evaluar si realmente existen pruebas de que aquello que se teme va a ocurrir o si el cerebro está sobreestimando el peligro.

3. Afrontar progresivamente las situaciones temidas.

En lugar de evitarlas, la persona aprende, de manera gradual y planificada, a enfrentarse a aquello que teme. Esta técnica se conoce como exposición y es uno de los tratamientos con mayor evidencia científica para los trastornos de ansiedad (Craske et al., 2022).

4. Aprender estrategias de regulación emocional.

Se enseñan habilidades como la respiración diafragmática, técnicas de relajación, resolución de problemas y habilidades para manejar la incertidumbre, complementando el trabajo cognitivo y conductual.

Un mensaje importante

Sentir ansiedad no significa ser débil, estar "volviéndose loco" o perder el control. La ansiedad es un sistema de protección que, en algunas personas, comienza a funcionar de manera excesiva.

La buena noticia es que este sistema puede aprender nuevamente a distinguir entre los peligros reales y los imaginarios. Gracias a ello, muchas personas logran reducir significativamente sus síntomas mediante tratamientos psicológicos basados en evidencia, especialmente la Terapia Cognitivo-Conductual.

Pedir ayuda profesional no es un signo de debilidad, sino una forma de aprender nuevas herramientas para comprender lo que ocurre y recuperar una mejor calidad de vida.

Referencias

Barlow, D. H. (2002). Anxiety and Its Disorders: The Nature and Treatment of Anxiety and Panic (2nd ed.). Guilford Press.

Beck, A. T. (1976). Cognitive Therapy and the Emotional Disorders. International Universities Press.

Beck, A. T., Emery, G., & Greenberg, R. L. (1985). Anxiety Disorders and Phobias: A Cognitive Perspective. Basic Books.

Cannon, W. B. (1932). The Wisdom of the Body. W. W. Norton.

Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461–470.

Craske, M. G., Treanor, M., Conway, C. C., Zbozinek, T., & Vervliet, B. (2022). Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy.

Share
¡Crea tu página web gratis!